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martes, 18 de marzo de 2014

Bebé feliz, papás felices.

M&F bautizaron a M la semana pasada. Todo lo preparan con cariño y cuidado, así que un día especial aún más. La ceremonia fue sencilla y hermosa, cálida y  no hubo lloros, pero sí muchos niños y ganas de celebrar.

Para recordar un día tan bonito M&F me pidieron que diseñara unos imanes de nevera que regalarían a su familia y amigos; ¡es que son lindos, prácticos y los vemos cada vez que vamos a la cocina!

Hice un par de modelos y al final se quedaron con el último que os enseño.





Quedaron así de chulos :-) ya empaquetados, con sus etiquetas a juego y envueltos para regalo.




Y así es como queda en mi nevera <3 


Tienen el tamaño de una tarjeta de visita, lo normal para un imán de nevera; son finitos y de superficie resistente. En la composición del papel no se usan ácidos ni lignina y  tiene certificación FSC
Su precio depende del número de imanes; éstos salieron a 2,7€/u.

Pide tu presupuesto sin compromiso en venecialonis@gmail.com, ¡CADA DISEÑO ES ÚNICO!

jueves, 13 de marzo de 2014

El mes de las flores ¡y las comuniones!

De pequeña fui a un cole de monjas; eran muy modernas para la época, no llevaban hábito, el colegio era mixto... pero el amor al mes de mayo es inherente a ser monja, ¿no creéis? Así que durante ese mes había un montón de actividades con muchas flores y dibujos de la Virgen y esas cosas. Cada vez que veo niños de comunión -que son también en mayo-, no puedo evitar asociar ideas y me parece ver flores por todas partes, aunque tal vez las ganas de dejar atrás el invierno, las terrazas que florecen en las aceras y la ropa colorida tenga algo que ver, jeje.

El año pasado me hicieron un par de encargos relacionados con comuniones y como se acerca la fecha, voy a enseñaros el trabajo que hice.

La primera es la comunión de I, risueña y soñadora. Su madrina (J) quería regalar algo a la familia para conmemorar ese día, pero no quería los convencionales recordatorios y me preguntó qué podríamos hacer. Como quería regalos para los papás, las mamás y los niños, cosas que perdurasen y que se pudieran usar, pero no demasiado extrañas, sino de tipo clásico, le propuse hacer llaveros, pulseras de plata y bolsas de algodón (aunque hay un montón de cosas originales que se pueden hacer). También me encargó imanes para la nevera; no sé la vuestra, pero la mía es un mapa de los lugares donde hemos estado y de los acontecimientos importantes de familia y amigos. 

Lo primero, a partir de una foto de la peque, fue hacer la ilustración que iba a ser el motivo central de todo.



Como no tenía noticia de cómo era el vestido real, le puse uno sencillito con un nenúfar en la cintura y le di algo de movimiento a la imagen.

Después, lo demás era coser y cantar. Los llaveros son de tipo sencillo y eficaz, con mosquetón y anilla; la cubierta es de cristal.


Aquí están en el proceso de empaquetado, con su etiqueta a juego con la imagen principal.


Las pulseras son una pieza de zamak (baño de plata), lisas unas y con pespuntes otras, un medallón pequeño con la carita de I y una estrella de zamak sujeta con cordón de cuero negro. El resultado es muy bonito, moderno y sobrio.


Quien me conozca sabe que adoro estas bolsas de algodón, las uso muchísimo, pues vienen bien para ir al cole, de compras, de viaje... No pesan, son ecológicas y solidarias -las mías son de algodón orgánico y de Comercio Justo-, fáciles de lavar y, en este caso, fáciles de planchar, pues la imprimación no sólo no se estropea con el calor, sino que ¡la plancha vivifica los colores! Las cajas que usé para presentarlas son, como casi siempre, de SelfPackaging con un toque personal Venecia Lonis; y las bolsas iban dentro, protegidas con papel de seda y debidamente etiquetadas.


Por último, los imanes para la nevera, que son un clásico VL.


La otra comunión la dejamos para la semana que viene. Como siempre, para informarte escríbeme a venecialonis@gmail.com. ¡Feliz fin de semana a tod@s!

martes, 19 de febrero de 2013

Uno de cincuenta... años.

Ya os conté que, mientras preparo las novedades de esta primavera, voy a contar algunas de las cosas que hice antes de Navidad. 

Mi chico ha cumplido una cifra memorable y llevaba unos meses planeando sorprenderle; no voy a contar toda la historia, pero preparar una fiesta sorpresa es muy laborioso e implica tener amigos y familia que te ayudan, mentir bastante para justificar dónde estás, qué haces, y qué es eso que ha llegado a casa el único día que no podías estar (a pesar de que se especificaste en el envío que la persona encargada del transporte llamara antes), cuando es evidente que no puedes dar esa información. Ha sido estresante, pero divertido. Y ha merecido la pena.

Lo primero era hacer una lista de invitados... Al final fueron ¡unas 110 personas!, a pesar de que algunos invitados no pudieron venir.

Lo segundo era encontrar un local para meterlos a todos: eso es fácil, podemos usar el de la asociación de antiguos alumnos del cole en el que los dos estudiamos, que es fantástico. Problema resuelto.

Tocaba diseñar la invitación, para que fuera elegante pero divertida, moderna pero clásica. Éste es el resultado (he borrado mi teléfono, que no le interesa al resto del mundo, jeje):


Como veis, aproveché el mensaje de una conocida marca de bisutería para hacer un guiño a la edad de mi amor, y me pareció un detalle entrañable que los invitados se llevaran un recuerdo del acontecimiento, así que con el logo de la fiesta hice imanes para la nevera (siempre con papel FSC) que empaqueté en el estilo natural que me gusta, con una etiqueta craft estampada en la que se indicaba los nombres de los obsequiados.






















Los hice en dos colores: blanco y dorado, que fueron los colores de la fiesta.




Y aproveché una maleta vintage de inspiración italiana para presentarlos. ¿Qué os parece? La monada que posa al lado con estudiada indiferencia y arnés rosa es Momo, la gata albina de uno de mis hermanos; se lo pasó bomba en la decoración de la fiesta.

La decoración era muy importante para mí, porque quería que fuera una fiesta realmente inolvidable y, como todos los detalles, debía ser también personal y tierno. Busqué mucho en internet y al final adapté una idea que vi en un blog a lo que yo necesitaba y me decanté por los globos. Usé 130 globos inflados con helio, dorados y blanco perla, de los que colgaban cintas largas, de los mismos colores. 

Los que os hayáis fijado en la imagen de la invitación, habréis visto que se pedía a los invitados que enviaran tres cosas antes de la fiesta: una foto de cuando eran pequeños (en una fiesta de 50 es encantador vernos a todos con 6 años), una canción y una dedicatoria al cumpleañero. A la altura de los ojos, más o menos, coloqué las fotos y las dedicatorias emparejadas en formato polaroid, anudadas a las cintas. Fue una idea estupenda, pues los invitados se lo pasaron genial buscándose, encontrando amigos y conocidos, y leyendo lo que todos querían decirle al prota de la fiesta.

Como no quiero vulnerar la intimidad de mis amigos, os pongo el detalle de mi foto. Reconozco que ésta me encanta, creo que yo tenía unos cinco años y ésa fue mi camiseta favorita una temporada.

Las canciones sirvieron para hacer la lista de reproducción de la fiesta y las dedicatorias, con todo lo demás, formarán parte de un álbum de recuerdos, incluídas las fotos de la fiesta. Os dejo algunas para que veáis el efecto final. Si añadís una malla de luces led en el techo, catering casero, familia y buenos amigos, el resultado es éste.

Mi hermano Miguel y mi amiga
Belén en la preparación.

Momo, estudiando cuánto tendría que
saltar para alcanzar un globo.

El regalo colectivo (un viaje a Italia) salía en forma de postal enganchada a la cinta de este globo dorado al abrir la sombrerera.



Añadir leyenda



Hubo mil detalles que no se aprecian en las fotos y que hicieron que fuera perfecto: casi todo el catering lo hicimos mi madre y yo (gracias, mamá y papá), pero una red de amigas me hicieron las tortillas de patata (gracias otra vez, chicas) y una de mis cuñadas hizo una importante aportación de bebida (gracias, Juli); hubo música en directo (es lo bueno de tener amigos músicos, gracias a Mala Hierba); había capullos de rosa adornando los platos; las servilletas y el menaje mantenían los colores de la fiesta en una delicada y elegante combinación; un amigo aguantó tres cuartos de hora en la calle esperando a mi chico que, por primera vez en su historia, llegó tarde a la falsa cita; hubo amigos que me sirvieron de cohartada... Antonio y yo tenemos la suerte de contar con una amplísima red familiar y de amigos que nos quieren y nos ayudan; ¡gracias a todos de nuevo!

Normalmente hago yo las tartas, porque me encanta la repostería, pero esta vez se la encargué a la madre de una amiga de mi hijastra (sí, es de "aquí no hay quien viva", jeje), que ha montado un negocio de tartas por internet y están deliciosas. Yo no daba a basto esta vez con todo y encargamos estas dos maravillas. Son de Quédelicia Repostería.


Un último detalle: todo el pan de la fiesta era apto para celíacos e intolerantes a la lactosa y también prácticamente toda la comida, lo que demuestra que se puede organizar una buena, con cosas riquísimas y elaboradas -incluídas las tartas- sin perjuicio de los que tenemos algún problema de alergia o intolerancia alimentaria.

Todo estaba marcado con banderines ad hoc, por supuesto, para que nadie tuviera dudas y todo el mundo disfrutara a tope.

¿Te ha gustado? Escríbeme a venecialonis@gmail.com si quieres hacer invitaciones y detalles para algún evento.
FELIZ SEMANA